martes, 20 de noviembre de 2012

La Escultura: Cómo definirlas y clasificarlas

Toda pieza escultórica supone un volumen en el espacio, que hay que valorar tanto en sí mismo como en relación con el entorno; define cierta silueta y genera una determinada masa, que puede sugerir tanto peso y solidez como ingravidez o ligereza.

La masa se afirma por medio de la superficie: ahí entran en juego los valores táctiles, aunque percibidos a través de la vista, lo blando, lo duro, lo terso, lo rugoso, así como el color.


La apropiación del espacio que envuelve a la pieza puede venir predeterminada, como consecuencia, en unos casos, del bloque que se toma como punto de partida, o, en otros, del sometimiento a un determinado marco arquitectónico. En ese sentido, es muy importante el emplazamiento de la escultura, y por eso, en su contemplación, hay que tener siempre en cuenta la distancia, el punto o los puntos de vista posibles, la relación con otros elementos artísticos o naturales del lugar y, muy en especial, la luz.

La escultura exenta, también llamada de bulto redondo, es aquella que admite un desplazamiento visual a su alrededor para ser contemplada. Por lo tanto, concentra en sí misma todos los valores simbólico-perceptivos. A veces está asociada a la arquitectura, con la que establece relaciones iconográfico-representativas, ya que a través de la escultura se alude a las funciones o dedicación del edificio, y ornamentales, ocupando ciertas superficies o, incluso, grandes espacios, que determinan el aspecto del edificio.

El relieve es otra forma escultórica: existen altorrelieves, donde las figuras salen de un fondo plano, y bajorrelieves, en cuyo caso el grosor es inferior a la media figura, siempre sometidos a los mismos problemas de representación que, en cada época, han regido para otras artes plásticas, como la pintura.

Tomado de: http://www.kalipedia.com/arte/tema/edad-antigua/clasificar-escultura.html?x=20070718klparthis_15.Kes&ap=1