jueves, 14 de febrero de 2013

Los Mutantes: Incordiantes surrealismos monumentarios


Por: Antonio Enrique González Rojas

  El arcano arte de la escultura, sea el prístino modelado en grácil barro, cincelado en recia piedra, tallado en dúctil madera u otros materiales de guisa contemporáneamente artificial, es una suerte de ínfula delirante del ser humano, encaprichado por igualarse al demiurgo que lo conformó desde la primigenia argamasa. Sin llegar nunca a insuflar aliento vital en las figuras y figuraciones resultantes, sí consigue dotarlas de sentidos y saberes, pues las conceibe a imagen y semejanza de su microuniverso perceptual, desde la íntima infinitud de su cosmovisión, de sus sueños, pesadillas y obsesiones. Desde unos orígenes ocultos para los historiadores, las breves Venus de Willendorf y Lespugue, de los sensuales bustos de la ibérica Dama de Elche y la egipcia Nefertiti (conocido como La Mona Lisa de Amarna), de los megálicos moái de la Isla de Pascua, los colosos de Abu Simbel, los desaparecidos Coloso de Rodas y “Zeus” de Olimpia, el “David” y el “Moisésde Miguel Ángel, “El Pensador y “El Beso de Auguste Rodin, la “Cabeza de Barcelona”, de Lichtenstein, susurran legados en los oídos de creadores cubanos que contraponen y complementan la arquitectura humana en espacios abiertos, públicos y bucólicos, con entidades de piedra, mármol, metal, cerámica, cemento en estado puro o combinado, siguiendo cánones antropomorfos, zoomorfos, amorfos o la mixtura bizarra de estos en busca de nuevos sistemas de representaciones y semiosis.