El Salón de Artes Plásticas Mateo
Torriente organizado por la Uneac en Cienfuegos ha inscrito siempre, entre
sus intenciones, la de convertirse en un espacio de jerarquía artística para la
producción visual del territorio desde una convocatoria originalmente destinada
a los miembros de la organización, luego a cuantos creadores desearan acudir;
afán inclusivo a la vez que estrategia de solvencia para con su dignidad por lo
conveniente del diálogo sistemático con poéticas emergentes.
Este fue – en algún momento - un
reacomodo atinado y necesario, demostrativo de la capacidad de los
organizadores del evento para repensarlo y atemperarlo a nuestra cambiante
circunstancialidad, y debe continuar siendo la filosofía de sus
itinerarios porque es la única garantía
de existencia y estímulo real al desarrollo de la creación plástica,
especialmente cuando la concurrencia a la cita ofrece por resultado una grisura
atenuada sólo por excepciones.


