El Salón de Artes Plásticas Mateo
Torriente organizado por la Uneac en Cienfuegos ha inscrito siempre, entre
sus intenciones, la de convertirse en un espacio de jerarquía artística para la
producción visual del territorio desde una convocatoria originalmente destinada
a los miembros de la organización, luego a cuantos creadores desearan acudir;
afán inclusivo a la vez que estrategia de solvencia para con su dignidad por lo
conveniente del diálogo sistemático con poéticas emergentes.
Este fue – en algún momento - un
reacomodo atinado y necesario, demostrativo de la capacidad de los
organizadores del evento para repensarlo y atemperarlo a nuestra cambiante
circunstancialidad, y debe continuar siendo la filosofía de sus
itinerarios porque es la única garantía
de existencia y estímulo real al desarrollo de la creación plástica,
especialmente cuando la concurrencia a la cita ofrece por resultado una grisura
atenuada sólo por excepciones.
Y no se trata sólo del destino del
Salón Mateo Torriente sino de un empeño más vasto, toda vez que el saldo expositivo de cualquier
evento revela el estado de la configuración interior del sistema de formación,
producción, promoción – comercialización y recepción de las artes visuales
cienfuegueras y por supuesto, también de sus fisuras. Pero estos son demasiados
puntos de partida para pensar cartografías desde estas pocas líneas, valga el
apunte para indicar la complejidad del panorama y replantearse en él, la
urgencia de volver sobre la concepción del Mateo Torriente.
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| Escultura "Sinónimo" de Arcadio Tomás Cabrera, Rubén Peña y Orlando de la Cruz (en la foto) |
Si remontamos la historia del arte
encontramos que los salones como formas expositivas y de certamen convocados
por instituciones académicas u otras afines, tienen su referencia más antigua
en 1673 cuando la Real Academia de
Pintura y Escultura francesa celebró su primera exposición de arte semipública
en el Salon Carré del Louvre para
mostrar la obra de los recién graduados de la Escuela de Bellas Artes y fue a
partir de 1748 cuando introdujo en su gestión la presencia de un jurado
compuesto por artistas reconocidos cuya influencia
se consideró legitimadora para quien pretendiera triunfar. Mientras, en el caso
cubano, los Salones llegaron permeados de los criterios axiológicos
eurocentristas, consecuencia de nuestra deuda con la tradición del viejo mundo
y su aparición se remonta al año 1916 cuando Federico Edelman propuso al Ateneo
de La Habana la creación del Primer Salón de Bellas Artes, celebrado en los
Salones de la Academia de Ciencias[1].
Es decir, nos encontramos ante ideas
y fórmulas de gestión seculares que aun cuando demostraron su eficacia, ya
resultan inoperantes para las actuales condiciones de producción del arte
contemporáneo, cada día más complejas y costosas. Los argumentos para tal
hipótesis afloran en la ausencia -por años - de creadores con una obra sólida y destacada demandante de
empeños promocionales más enjundiosos y motivadores; igual la de creadores
noveles – algunos talentosos - que participan asistemáticamente sin atribuirle
mucho mérito al acto de asistir y menos aún al aporte de ello para su carrera,
unido a lo que – a mi modo de ver - resulta más nocivo, la confluencia de obras
endebles en su sintaxis y pobres en su factura, a veces por la incapacidad para financiar un proyecto pero sobre todo por la extendida
carencia de un método riguroso para articular una poética propia plagada de sentidos
y calidades expresivas.
Lo cierto es que, quienes hemos
asistido este año a las interioridades organizativas del Salón Mateo
Torriente, advertimos la presencia de una extraña monocromía
blanquinegra que interpretamos como una
metáfora manifiesta de las circunstancias; no obstante, en conocimiento de las
prácticas artísticas locales más allá de este y otros eventos, también
reconocemos la posibilidad de subversión de este panorama si se encara con una
praxis integrada y responsable en todos y cada uno de los eslabones del
sistema- también el diseño del Salón Mateo Torriente-, apostando por una
gestión estratégica muy diferente a los procederes episódicos y atávicos
utilizados todavía. El permanente homenaje que rinde esta cita a la estatura
creativa de Mateo Torriente Bécquer, lo merece y exige.
Massiel
Delgado Cabrera
Noviembre
2013
[1] Duarte García, Lidia. El Salón Provincial de Artes
Plásticas “5 de Septiembre” en Cienfuegos (1983 – 1991); Massiel Delgado
Cabrera, tutora. Jency Mendoza Otero, cotutora. Trabajo de Diploma, Universidad
“Carlos R. Rodríguez”, Cienfuegos, 2013. 63 p.: graf. Pág. 17 – 19.

