martes, 10 de diciembre de 2013

Entre negro y blanco, ¿el gris?




El Salón de Artes Plásticas Mateo Torriente organizado por la Uneac en Cienfuegos ha inscrito siempre, entre sus intenciones, la de convertirse en un espacio de jerarquía artística para la producción visual del territorio desde una convocatoria originalmente destinada a los miembros de la organización, luego a cuantos creadores desearan acudir; afán inclusivo a la vez que estrategia de solvencia para con su dignidad por lo conveniente del diálogo sistemático con poéticas emergentes.
Este fue – en algún momento - un reacomodo atinado y necesario, demostrativo de la capacidad de los organizadores del evento para repensarlo y atemperarlo a nuestra cambiante circunstancialidad, y debe continuar siendo la filosofía de sus itinerarios  porque es la única garantía de existencia y estímulo real al desarrollo de la creación plástica, especialmente cuando la concurrencia a la cita ofrece por resultado una grisura atenuada sólo por excepciones.

Y no se trata sólo del destino del Salón Mateo Torriente sino de un empeño más vasto,  toda vez que el saldo expositivo de cualquier evento revela el estado de la configuración interior del sistema de formación, producción, promoción – comercialización y recepción de las artes visuales cienfuegueras y por supuesto, también de sus fisuras. Pero estos son demasiados puntos de partida para pensar cartografías desde estas pocas líneas, valga el apunte para indicar la complejidad del panorama y replantearse en él, la urgencia de volver sobre la concepción del Mateo Torriente.
Escultura "Sinónimo" de Arcadio Tomás Cabrera, Rubén Peña y Orlando de la Cruz (en la foto)
Si remontamos la historia del arte encontramos que los salones como formas expositivas y de certamen convocados por instituciones académicas u otras afines, tienen su referencia más antigua en 1673 cuando la  Real Academia de Pintura y Escultura francesa celebró su primera exposición de arte semipública en el Salon Carré del Louvre  para mostrar la obra de los recién graduados de la Escuela de Bellas Artes y fue a partir de 1748 cuando introdujo en su gestión la presencia de un jurado compuesto por artistas reconocidos cuya influencia se consideró legitimadora para quien pretendiera triunfar. Mientras, en el caso cubano, los Salones llegaron permeados de los criterios axiológicos eurocentristas, consecuencia de nuestra deuda con la tradición del viejo mundo y su aparición se remonta al año 1916 cuando Federico Edelman propuso al Ateneo de La Habana la creación del Primer Salón de Bellas Artes, celebrado en los Salones de la Academia de Ciencias[1].
Es decir, nos encontramos ante ideas y fórmulas de gestión seculares que aun cuando demostraron su eficacia, ya resultan inoperantes para las actuales condiciones de producción del arte contemporáneo, cada día más complejas y costosas. Los argumentos para tal hipótesis afloran en la ausencia -por años - de creadores  con una obra sólida y destacada demandante de empeños promocionales más enjundiosos y motivadores; igual la de creadores noveles – algunos talentosos - que participan asistemáticamente sin atribuirle mucho mérito al acto de asistir y menos aún al aporte de ello para su carrera, unido a lo que – a mi modo de ver - resulta más nocivo, la confluencia de obras endebles en su sintaxis y pobres en su factura, a veces  por la incapacidad para financiar un  proyecto pero sobre todo por la extendida carencia de un método riguroso para articular una poética propia plagada de sentidos y calidades expresivas.
Lo cierto es que, quienes hemos asistido este año a las interioridades organizativas del Salón Mateo Torriente, advertimos la presencia de una extraña monocromía blanquinegra que interpretamos como  una metáfora manifiesta de las circunstancias; no obstante, en conocimiento de las prácticas artísticas locales más allá de este y otros eventos, también reconocemos la posibilidad de subversión de este panorama si se encara con una praxis integrada y responsable en todos y cada uno de los eslabones del sistema- también el diseño del Salón Mateo Torriente-, apostando por una gestión estratégica muy diferente a los procederes episódicos y atávicos utilizados todavía. El permanente homenaje que rinde esta cita a la estatura creativa de Mateo Torriente Bécquer, lo merece y exige.

Massiel Delgado Cabrera
Noviembre 2013



[1] Duarte García, Lidia. El Salón Provincial de Artes Plásticas “5 de Septiembre” en Cienfuegos (1983 – 1991); Massiel Delgado Cabrera, tutora. Jency Mendoza Otero, cotutora. Trabajo de Diploma, Universidad “Carlos R. Rodríguez”, Cienfuegos, 2013. 63 p.: graf.  Pág. 17 – 19.