Tomado de: http://www.elelefanteverde.wordpress.com
Escrito por: Darilys Reyes Sánchez
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| Arcadio en plena faena escultórica |
Monumental y duradero de complexión física, alto y fornido en el
quehacer artístico: trueque de similares proporciones que convierten a Arcadio Capote Cabrera y a sus esculturas en llamativas referencias dentro del entorno cultural cienfueguero.
Advertidas por transeúntes, frecuentes o casuales, las obras de este
aguadense exhiben la relevancia de su tamaño y el anonimato de su
creador. En tan incomprensible distanciamiento sólo permanece constante
el dominio sobre la solidez, irrefutable prueba de fuerza con
antecedentes un tanto curiosos:
“Vencí cada una de las etapas de la vida deportiva: EIDE, ESPA,
EPEF. Desde muy joven me incliné por la lucha, en la cual gané varias
medallas en torneos a nivel de país, e incluso el título nacional, y
participé en otros eventos internacionales celebrados en Cuba.
Finalmente, en el año 91, me gradué de Licenciado en Cultura Física en
el Fajardo de Santa Clara”.
En someter a grandes moles consistía el ejercicio, que pronto cambió
de rivales: “Pertenecía a grupo de aristas aficionados de la FEU y así
se consolidó el vínculo con el arte, sobre todo la escultura a mediano y
gran formato, casi siempre en madera.
“Decidí hacer los exámenes para ingresar a la Academia de Artes
Plásticas de Trinidad, aunque en aquel momento no eran tales pruebas,
sino muestras de la obra. Entré con 27 años y fui el estudiante más
viejo de ese tipo de instituciones en la Isla. Concluí en 1997 y
entonces integré, junto a varios artistas, el proyecto Mutante, en el
cual me mantuve durante una década”.
Las esculturas del Hotel Pasacaballo, la Universidad de Cienfuegos,
el Indio de Guajimico y el Toro de la Sierrita figuran entre los
ejemplos más representativos de su persencia en el grupo. La separación
vino en 2006, cuando fundó Kty (Catey) con su antiguo profesor de dibujo
el trinitario Rubén Peña.
Del trabajo reciente destacan las obras del Delfinario, el Che de la Refinería y el protagónico Martillo del Parque de las Esculturas,
“Uno de mis preferidos”, confiesa. Cuentan otras en Varadero, Cayo
Blanco, Caibarién … siempre con la finalidad identificativa o
decorativa, recreando historias de lugares y sus gentes. Pero, muy lejos
de la geografía cubana, sus cinceles esculpieron también a los
creadores de cuentos:
“En 2004 se cumplieron 200 años del natalicio del conocido escritor danés Hans Christian Andersen.
Varios artistas de ese país quisieron homenajearlo al ambientar su
ciudad natal, Odense, con los personajes de sus libros. Jeans Galschiot
(uno de los escultores más prestigiosos de Dinamarca) encabezó este
proyecto y nos contactó para trabajar con él.
“La Sirenita, Pulgarcita, el Soldadito de plomo y los demás adornaban
toda Odense, pero faltaba el protagonista más importante, Andersen, y
esa fue la tarea. Nuestro quehacer en estatuas de Bolívar, Martí, el Che
y demás constituían nuestros principales méritos y las mejores
referencias para responsabilizarnos con aquello.
“Tres meses tardamos en terminar la figura de Andersen. Aún sentando,
tiene tres metros de altura, todo de cobre. Más allá de la imagen, la
escultura es una fuente en la que está sentado, sin zapatos, en clara
invitación a acompañarlo para escucharle sus fábulas. No la hicimos como
estaba concebida inicialmente, pero ya terminada fue un gran suceso en
Dinamarca”.
En el país europeo dejaron otras muestras de su arte, una forma de
volver miradas hacia esta Isla caribeña, todas con el sello
característico: “El tamaño cambia la connotación del mensaje y por ello
prefiero los formatos mayores: con más volumen hay mejores posibilidades
de relieve, de detalles. Para eso la madera y los metales son muy
buenos, requieren mucha destreza, máxime en la fundición, un proceso
amplio que incluye el trabajo con yeso, cera, moldes. Su principal
inconveniente radica en los elevados costos”.
Entre los secretos de libritos: “Me quedaría con la piedra si pudiera
escoger despreocupadamente un elemento: muy plástico, rico para la
manipulación, sin hebras y con ella se logran resultados increíbles.
Pero por ahora resulta más factible el ferrocemento”.
Las manos gozan de un marcado favoritismo respecto a otras
figuraciones asumidas: “A semejanza del rostro, constituyen las partes
más expresivas del cuerpo: bondad, cólera, cariño. Cualquier cosa
resulta fácil de transmitir mediante la gestualidad, por eso las
prefiero”.
Si la objetividad pudiera imponerse en la creación artística, su obra
estuviera bien definida: “Sólo intento reflejar mensajes universales,
aunque cada cual es libre de interpretar lo que desea de mis trabajos.
Muchos hasta han intentado encontrar contenidos subliminales,
decodificar situaciones un tanto absurdas en cada objeto”.
Además del estilo, sus orígenes devienen parte imprescindible de su
vida: “Quiero llevar una de mis esculturas a Aguada pues hace muchos
años que allí no inauguran ninguna de forma pública. No sería
producto del azar, se llama “El buscador de ideas”, y la tengo concebida
hace rato”.
Defensor del dibujo como “la base de todo lo demás”, “Me gustaría
hacer en Cienfuegos “El Grito”, un boceto también pensado desde hace
tiempo”. Por ahora le ocupa “Llevar al ferrocemento más de 20 dibujos
que tengo en carpeta, aunque cada día se me ocurre uno nuevo y aumenta
la lista… de todas formas, las obras de arte no terminan cuando el
escultor decide, sino cuando el espectador la ve”.
