A propósito de
cada Jornada de la
Cultura Cienfueguera, celebrada todos los años en el mes de
abril, en homenaje a la
Fundación de la
Ciudad de Cienfuegos (22/4/1819), el emblemático
Museo Naval ubicado en el Antiguo Distrito Naval del Sur de la Marina de Guerra Cubana en Cayo Loco en la propia ciudad, convoca al “Salón del Mar”, que se desarrolla en este
museo desde la década del 80 del siglo pasado.
Justo a la orilla de la Bahía de Jagua, en este histórico lugar, existe una exposición permanente que ha acumulado a lo largo de los años los primeros tres premios de cada concurso, donde se aprecia una muestra de
arte contemporáneo, en la que destacan importantes artistas de la plástica en
el territorio siempre con la temática marinera como se explica más adelante por
el escritor cienfueguero Alejandro Cernuda, quien estuvo a cargo de las
palabras del catálogo.
En abril de 2012 fue Arcadio Tomás uno de los
participantes del certamen quien concursó con una obra llamada “La muerte de
una sirena”, dibujo realizado en tinta sobre cartulina e influenciado por la
cultura danesa que tanto media sobre el artista. En el Salón participaron además
los artistas cienfuegueros César Arias Urquiza, Basulto Caballero, Juan Carlos
Bocanegra, Alexander Cárdenas, Osmany Caro Yulls, Mario Cruz Moscoso, Osvaldo González,
Adrian Daissón, Fidel Reina Palacios, entre otros.
A continuación las palabras del catálogo escritas por Alejandro Cernuda y que están publicadas en su sitio personal www.acernuda.com
De Jan Sluijters al Salón del Mar
En célebre
novela uno de los contendientes se niega a efectuar un partido de damas porque
no soporta el juego, donde existen las mismas reglas para ambos ejércitos.
Todos los eventos competitivos, debido a sus leyes, exigen cierta flexibilidad
de los participantes. Es preciso, en el Salón del Mar, una obra de tema
marítimo. Como es lógico y humano los pintores –los buenos- que no sientan
afinidad por el tema buscarán variantes dentro de la imaginación con tal de
comulgar su concepto interno de la forma y el contenido. Esto debe suponer,
entonces, una variedad de estilos apuntando a un mismo tema, al menos en
teoría. Quien logre hacerlo sentirá el alivio de vivir en tiempos donde la
validación del arte ha tenido un corrimiento hacia lo formal. Pero ojo ¿no era
Spengler quien decía que una cultura estaba en crisis cuando la gramática y las
preceptivas le ganaban de la mano al contenido?
En el año 1904,
Jan Sluijter, un pintor desconocido por esa época y olvidado hoy, obtuvo el
Premio de Roma con el más académico de sus trabajos. Una pintura de estilo
barroco y tema religioso. Nunca más intentó algo igual. Tras recorrer todos los
estilos que se sucedieron en la primera mitad del siglo XX, llegó a alcanzar
fama de pintor ecléctico, difícil de encasillar; sin embargo, aquel cuadro del
Premio de Roma, su primer gran éxito –sin dudas un trabajo encargado a sí
mismo, solo con miras a participar en el concurso- subyace al inicio de su
carrera como una estrambótica contradicción para quienes no conocen su génesis.
Conocí su obra y esta objeción una mañana en Laren, Holanda, un pueblo, crecido
a la vera del lago, la cercanía de Ámsterdam y las cadenas televisivas de
Hilversum. Es uno de los sitios de Europa, me imagino, de más millonarios por
kilómetro cuadrado, algo así como Malibú, pero sin su famoso cartel de
bienvenida: "la vida es muy corta para pasarla fuera de aquí" Se
presentaba una exposición del artista y un amigo me invitó. Pese a que era
típico de muchos pintores saltar de una corriente artística a otra, nunca vi
tal promiscuidad en un solo autor. Pintó desnudos, paisajes, negros, retratos,
carteles, y todo de un estilo a otro, tal vez una sola constante, cuando
pintaba a su esposa volvía un tanto a la academia, en la pose, la expresión
tácita del rostro, los colores del vestido. Descubrir esa constante nos alivió
a los dos.
Este mar que no alimenta lo suficiente ni lleva a
ningún sitio; y sube y baja y amenaza y parece protestarle a la ciudad el
espacio robado, la basura, la indiferencia. El agua entra por el corredor entre
el Castillo y Pasacaballos y se duerme
para engañarnos, como una amante dócil y embustera, trata de pasar
desapercibida en su esencia de ser parte mínima del mar Caribe para ostentar
singular importancia entre nosotros. Esta ciudad de puerto y playas, de malecón
y fantasma de marina de guerra insubordinada cada cinco de septiembre. Ciudad
de pescadores que improvisan cada día sus artes de pesca con arreos que el
mismo mar desprecia.
Estos pintores que pescan, unos la luz, otros las
expresiones y los más las circunstancias. Este salón del Mar, dentro de un
museo que tiene más de guerra que de arte. En este museo deben repetir los
críticos que de nuevo está Donatello entre las fieras, como si volvieran los
tiempos del fauvismo y el verde limón, en la muestra de los pintores del mar
llegan los azules, los trazos gruesos, el manierismo. Cada obra no solo es una
manera distinta de ver el mar, sino también tantos mares como obras y más,
mares que se miran y se enfilan mientras esperan.
Alejandro Cernuda
